Opiniones

El liderazgo marca la diferencia

El liderazgo marca la diferencia entre las empresas más admiradas y el resto

Que nuestras empresas necesitan un mejor liderazgo si quieren sobrevivir y prosperar en una época de tantas turbulencias, es algo que salta a la vista. Las compañías bien gestionadas saben que los líderes se hacen, no nacen, e invierten consecuentemente en el desarrollo de sus futuros directivos.
Pero, a pesar de la energía dedicada al desarrollo del liderazgo, la recompensa de la inversión no está casi nunca a la altura de las expectativas de los ejecutivos involucrados o de las entidades que financian a la compañía para tal fin.

La eterna cuestión es si puede aprender a ser líder. ¿Cómo es posible que el desarrollo del liderazgo sea una actividad que entraña tantas dificultades? La mayoría de nosotros coincidimos en la definición básica. Si se argumenta de forma sencilla, un líder es alguien que en primer lugar, marca un nuevo rumbo u objetivo a un grupo. Además, se gana el apoyo, cooperación y compromiso de su equipo y, por último motiva a éste a superar obstáculos de cara a conseguir los objetivos. También coincidimos en que el liderazgo se diferencia de la dirección, un conjunto de actividades igualmente valiosas, en que ésta se encarga de la planificación, la contratación y el control.

Al principio de su carrera profesional, los directivos reciben una formación, pero llega un momento en el que estas técnicas de formación dejan de ser un factor importante para obtener el éxito.Por tanto, el desarrollo del liderazgo no es un proceso continuo que vaya en aumento, sino que se ve interrumpido por puntos de inflexión. Estos momentos claves, a los que yo llamo transiciones del liderazgo, son las fases en la carrera de una persona en las que o aprende a dirigir o queda relegada a un segundo plano.

Una transición consiste en adoptar otro papel –ya sea un nombramiento formal, un proyecto o un papel impuesto por un acontecimiento inesperado como una crisis- tan radicalmente diferente que las tradicionales formas de operar dejan de tener validez. Para un directivo con una trayectoria llena de éxitos, una transición dentro del liderazgo no supone ninguna sorpresa. Durante los primeros años de una carrera profesional, un directivo desarrolla habilidades funcionales y operativas que se complementan con la experiencia en planificación, gestión de personal, de presupuestos y de rendimiento.
Las relaciones claves y las redes se encuentran en el grupo –el directivo se centra exclusivamente en el equipo y en el jefe-. El adecuado estilo de liderazgo es consecuencia de estas actividades y relaciones.


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Libro del Autor: Antonio Pérez Carmona

Una compañía debe ser consciente de la importancia que tiene invertir en sus futuros directivos

Algunos directivos dan prioridad al “contenido” (las cifras, el análisis, la experiencia); otros a la empatía humana (la atención, la preparación y la información) y los mejor preparados dominan las dos facetas. A pesar de que el rendimiento sea positivo, llega un punto en el que el directivo necesita reciclarse y ayudado por sus colegas y colaboradores afrontar una innovación o cambio.

Tomemos el ejemplo de un director general de una empresa de productos de consumo, elogiado por todos por su experiencia y su capacidad de dar un giro a las situaciones. Sin embargo, su relación con un compañero más conservador y menos formado se vio afectada por la mala comunicación y la falta de confianza entre ellos. Cada vez que surgían puntos de desencuentro, el primero proponía inversiones y decisiones arriesgadas pero calculadas y controladas y el segundo nunca admitió ese liderazgo natural y que éste último nunca tuvo

La situación empeoró cuando su superior le dijo que su rendimiento había disminuido, y que tenía poca capacidad para delegar y para comunicarse con otros grupos de la empresa; el Director General en realidad había alcanzado los resultados marcados en los objetivos. Aunque en ese momento se planteó cambiar de puesto, consiguió motivarse a sí mismo para salir adelante.

En este caso, una situación aparentemente negativa sirvió para mejorar el diálogo con sus superiores. En cuanto a la práctica, con frecuencia oímos que donde más se aprende es en el trabajo, pero no todo empleo enseña cómo dirigir. Los cambios de actitud por sí solos no sirven de mucho sin un cambio de puesto. En el caso de este directivo, sus superiores le asignaron un proyecto estratégico, más participativo y en el que tenía que delegar. De esta forma, él cambió sus esquemas de trabajo.

Podemos concluir que es en las capacidades de una persona, y no en los valores donde se realizan los cambios más importantes. Si prestamos más atención a la experiencia personal que supone la transición al liderazgo, las empresas podrán preparar mejor a sus futuros directivos.

Antonio Pérez Carmona
Más de cuarenta años de experiencia como directivo en distintas compañías nacionales y multinacionales, dirigiendo la Función de Logística, asesor, consultor, autor de libros, colaborador en revistas del sector y formador del curso “La Logística en la Empresa”.

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