Opiniones

El centro de las nuevas ciudades

Introducción

Centro de distribución: “Infraestructura logística en la cual se almacenan productos y se dan órdenes de salida para su distribución al comercio minorista o mayorista. Generalmente se constituye por uno o más almacenes, en los cuales ocasionalmente se cuenta con sistemas de refrigeración o aire acondicionado, áreas para organizar la mercancía y compuertas, rampas u otras infraestructuras para cargar los vehículos.”

Fuente: Wikipedia.

Ciudad: “Es una agrupación más o menos grande de hombres sobre un espacio relativamente pequeño, que ocupan densamente, que utilizan y organizan para habitar y hacer su vida, de acuerdo con su estructura social y su actividad económica y cultural.”

Fuente: Manuel de Terán: “Geografía humana y sociología. Geografía social”

Personas y productos. Movimiento de personas y distribución de productos. Hay algo tan importante o más que la necesidad de disponer de productos que nos permitan desarrollar nuestra vida en una ciudad, y es que dicha ciudad sea una ciudad para vivir y vivirla, para disfrutar y disfrutarla, segura, saludable, y que te permita desplazarte entre dos puntos con libertad, eligiendo tu la velocidad y ella las condiciones. En definitiva, una ciudad ideal debiera estar adaptada a sus habitantes, en los términos anteriores, ya que de otro modo serán los ciudadanos los que sufrirán la adaptación a una urbe, esculpida por los medios creados para solucionar nuestras necesidades, siendo además probable que estos medios no sean la mejor solución.

Un sistema de transporte es el medio para dar solución a un flujo físico, sujeto a unos requerimientos. Para que dicho sistema de transporte sea efectivo, no debiera interferir con cualquier otro flujo que esté sujeto a otros requerimientos, y menos aun cuando se trata de requerimientos que en muchas ocasiones se presentan como antagónicos. De ahí que, ni la vida en la calle de los habitantes de una ciudad, ni el transporte rápido entre dos puntos alcanzarán su grado de excelencia hasta que no se permita su actividad y desarrollo en espacios independientes, sin interferencias.

Para las personas

En la ciudad ideal las carreteras desaparecen, y con ellas el tráfico y todos los vehículos a motor que hoy en día las transitan. Este tráfico queda relegado al espacio externo a los límites de las ciudades, donde se ubican grandes aparcamientos, en los que el concepto de vehículo en propiedad es algo ya muy residual. Puede considerarse un cambio extremadamente disruptivo, pero en realidad no lo es tanto, si se tiene en cuenta que los coches (y demás vehículos motorizados coetáneos) aportan muchas más incomodidades que comodidades dentro de una ciudad: desde el lado del ciudadano peatón estorban, buena parte de ellos contaminan y son fuente de riesgos en materia de seguridad para las personas; desde el lado del propio conductor y usuario es un medio de transporte lento, sujeto a atascos, y con un problema eterno para la búsqueda de estacionamiento, de lo cual se deriva que no es el mejor elemento para optimizar y aprovechar el tiempo en nuestras vidas.

En esa ciudad ideal el 100% del suelo es peatonal, o semipeatonal reservando una mínima parte central de las calles para el tránsito de bicicletas y vehículos especiales. La ciudad se convierte en un lugar para caminar, para desplazarse, para disfrutar, para vivir, con toda su infraestructura al servicio de los habitantes, potenciando esa actividad social, económica y cultural. Espacios para cualquier momento del día, para cualquier actividad, zonas verdes y árboles para controlar la temperatura ambiente y de las superficies, luz natural y aire limpio. En un entorno de estas características las aplicaciones y servicios de realidad aumentada experimentan su máxima expresión.

En esa ciudad ideal el transporte es principalmente público, y fluye al margen del espacio peatonal de nivel suelo. Toda su actividad tiene lugar bajo tierra, salvo determinados servicios de tránsito por aire: emergencias (servicios médicos, policía, bomberos…), y servicios limitados de entrega de productos urgentes, todo ello haciendo uso de rutas optimizadas que, en la medida de lo posible, no invadan el espacio aéreo sobre las calles. Además, se reserva un mínimo tráfico en la superficie, con vehículos especiales, con dimensiones, velocidades y recorridos regulados, y para fines concretos (determinadas entregas de mercancías, vehículos turísticos, fuerzas del orden…).

En este escenario, el metro se alza con el medio de transporte por excelencia en la ciudad, con una ramificación de las líneas principales que las dota de la capilaridad suficiente para poder llegar a la mayor parte de los accesos a las viviendas.

Para las personas y los productos

La ciudad ideal también deberá albergar el tejido logístico de distribución de productos y servicios. Estos productos y servicios siempre están destinados a la población (que vive y se desplaza en la ciudad), bien sea por interés particular o bien porque lo requiera cualquier actividad comercial. Dado que ambas partes, productos y población, siempre están destinadas a encontrarse en un punto, lo ideal es que hagan uso del mismo medio de transporte. Y es aquí donde el know-how de la distribución de productos debe fusionarse con el know-how de los medios de transporte bajo tierra para personas, para dar lugar a un sistema óptimo, escalable, y al margen del nivel suelo, el cual está reservado para uso y disfrute de la población.

Ambos mundos (movimiento de personas y distribución de productos) terminarán por acoplarse en simbiosis perfecta, para acabar constituyéndose un único medio de transporte capaz de adaptarse, escalarse e ir por delante de las necesidades de sus usuarios. El control y trazabilidad a nivel de unidad individual que late en el corazón de un centro logístico tradicional es la clave para saber como recoger cada cosa y llevarla a su destino de forma rápida y fiable. La independencia, eficiencia y comodidad de un medio de transporte como el metro urbano permiten garantizar los trayectos en tiempo y forma de unos volúmenes tremendamente versátiles. La inteligencia artificial y el aprendizaje automático hacen el resto.

La ciudad ideal contará con un sistema de metro con vehículos modulares, capaces de acoplarse y desacoplarse para fluir por las diferentes vías establecidas. Las vías dobles tradicionales conservarán básicamente la infraestructura y uso actual, sirviendo de trayecto principal. Contarán con conexiones (de ambas vías) hacia ramificaciones tanto en un lado como en el otro, adecuadas sólo para vehículos rodantes. Estas ramificaciones, con doble sentido de circulación, permitirán replicar bajo tierra (hasta el máximo posible) la accesibilidad que ofrecen las calles en la superficie para llegar a cualquier edificio y vivienda.

Existirán vagones tradicionales colectivos, que desempeñarán la misma función actual a lo largo de las vías principales y sus estaciones, tal y como existe hoy en día. Existirán otros vagones evolucionados, de diferentes tamaños, con y sin portaequipajes, con y sin asientos, siendo la cabina biplaza su mínima expresión. Estos vagones evolucionados serán capaces de circular sobre las vías convencionales por los trayectos principales, y desviarse para circular sobre ruedas por las ramificaciones, con navegación autónoma (para permitir rebasar vehículos detenidos), bajo las órdenes del sistema central de control de tráfico. Esta capacidad de circular sobre ruedas les permite, fuera de los límites de la ciudad, salir a la superficie y circular por las carreteras convencionales. La versatilidad de los vagones evolucionados y su modularidad como conjunto con los vagones tradicionales los convierte no solo en una evolución mucho más flexible y eficaz del sistema de metro actual, sino también en nuestro taxi, nuestro vehículo de alquiler o nuestro mensajero/paquetero.

Las ramificaciones de las vías de metro llegarán hasta los garajes subterráneos de los edificios, reconvertidos en mini estaciones descentralizadas, con acceso exclusivo para residentes, que permitirán la entrada en los edificios a través su portal subterráneo, réplica del existente en superficie. Para aquellos edificios colindantes que no dispongan de garaje subterráneo, un ascensor desde la mini estación más cercana dejará a los usuarios a pocos metros del portal de su edificio en la superficie. Asimismo, las mini estaciones podrán servir de punto de entrega/recogida de mercancías, si así se solicita.

Las ramificaciones de las vías también pasarán por los antiguos parkings públicos subterráneos, reconvertidos en centros de distribución y recogida de mercancías, y operados por las diferentes empresas de venta y/o distribución. El acceso a estos puntos estará restringido a los usuarios con orden de recogida pendiente. Vehículos eléctricos especiales de entrega/recogida comunicarán estos centros con aquellos puntos de la superficie que lo requieran, por no disponer de mini estación suficientemente cerca, u otros condicionantes físicos relativos al punto de entrega.

El metro dejará de ser un tren subterráneo, para convertirse en un mega vehículo que fluye por vías principales y ramificaciones de forma simultánea, formado por miles de diferentes módulos, capaces de acoplarse y desacoplarse en todas las diferentes ordenaciones y combinaciones posibles, con trazabilidad perfecta, altísima eficiencia y rapidez. El sistema de control central no solo gestionará el tráfico y los tiempos de circulación, sino también los accesos de los usuarios a las estaciones en función del billete adquirido, y la disponibilidad en tiempo y lugar de cada vagón requerido por cada uno de ellos, con la menor espera posible. Aquello que viaje en cualquier vagón saldrá de su punto de origen y llegará a su punto de destino en los tiempos acordados.

Las empresas de venta y/o distribución dispondrán de un número variable de vagones evolucionados para su uso en exclusiva, dependiendo de la demanda en cada momento de su negocio, y dentro de unos límites contratados de antemano, y modificables bajo ciertas condiciones que permitan no comprometer el servicio de transporte de personas. El uso de cajas retornables (identificadas) de tamaños estándar para el transporte de la mercancía de los pedidos (con la condición de que una misma caja solo pueda contener mercancía de un mismo pedido), permite a estas empresas preparar los pedidos en estas cajas en sus propios centros logísticos fuera de las ciudades, pudiendo así automatizar todo su transporte (cargas/transferencias/descargas) hasta el punto de recogida por parte del cliente. La mercancía así preparada en cajas estándar será transportada en camiones hasta los límites de las ciudades, en los cuales diversas estaciones de descarga automática transferirán los diferentes grupos de cajas a los vagones evolucionados necesarios, ya con los destinos definidos de antemano en función de la solicitud de cada cliente. Algunos clientes recogerán sus pedidos en los centros de distribución y recogida subterráneos, otros los recogerán en los buzones de la mini estación de su vivienda, otros en su propia casa si solicitan la entrega manual (el mensajero lo recogerá en el centro de distribución y recogida subterráneo más cercano).

El uso de estas cajas para el transporte de pedidos no quedará relegado a la conexión entre las empresas vendedoras/distribuidoras y los clientes en las grandes ciudades. Para las operaciones en ciudades más pequeñas o pueblos más alejados la unidad de manipulación será el mismo tipo de caja, viajando en este caso en vehículos convencionales adaptados, como son los camiones con sistemas multishuttle embarcados, para el máximo aprovechamiento del volumen del furgón, y la disponibilidad total y automática de toda la mercancía transportada.

La venta de productos ya no estará sólo en mano de las empresas que venden y distribuyen. Además de su servicio de venta y entrega a cliente, ofrecerán también a dicho cliente el servicio de recogida de mercancía para entrega en otro punto. Esto permite facilitar también a los clientes el servicio de distribución de sus propios productos.

Conclusión

En la ciudad ideal se protege y se potencia la calidad de vida, se pone la tecnología al servicio de sus ciudadanos, se democratiza el comercio y se ensalza el valor añadido. Se invierte en ahorro de tiempo, y se obtiene la mejor rentabilidad en forma de disfrute y crecimiento. Una ciudad preparada para evolucionar de la mano de sus habitantes. Un lugar en el que quedarse.


Autor: David Rivero | Project Manager 


 

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